UN POCO DE HISTORIA DE GRANADA

El pasado de Granada

ORIGEN DE LA CIUDAD DE GRANADA

Edad Antigua

Para documentar el origen de la ciudad de Granada nos remontaremos a la mitad del siglo VII antes de Cristo (a.c.). En ese tiempo se encontraron habitaciones pertenecientes a un oppidum íbero denominado Ilturir. Poco o nada se sabe de asentamientos anteriores a esta época, aunque en sus alrededores existieron poblados importantes como lo fueron el asentamiento argárico del Cerro de la Encina en Monachil a unos 7 km hacia el este, el Cerro de los infantes en Pinos Puente a un 10 km al oeste. El tamaño de Ilturir era de unas 5 hectáreas y se situaba en la cima de la colina de San Nicolás en la margen derecha del río Darro, justo donde enfila la vega del río Genil. Esta ciudad estaba rodeada de murallas que luego se ampliaron por el aumento de población. En el siglo IV o III a.c. la rebautizaron con el nombre de Iliberri o Ilíberis y la ciudad paso a ser controlada por los bastetanos y desde una perspectiva más económica que militar, por los cartagineses.

Edad Media

Entre los siglos VIII y XI desde la creación del Emirato de Córdoba hasta la caída del Califato, la ciudad de Granada estuvo sin habitantes sólo permaneciendo el oppidum ibérico usado como una fortaleza en la rebelión de los muladíes (siglo IX). Algunos expertos consideran que pudo haber algún pequeño núcleo o alquería alrededor de Hizn Garnata, nombre con el que se conoció en época musulmana a la antigua Iliberis. En todo caso, el complejo más importante en el periodo 712 – 1012, fue la construcción Madina Ilbira, unos 10 km al oeste, que llegó a ser la capital de la Cora de Elvira y una de las ciudades más importantes de la península Ibérica.

Las turbulencias que originaron la formación de los Reinos de Taifas dieron el trono de Granada a los ziríes. El primero de ellos, Zawi ben Ziri, fundó la nueva ciudad de Madinat Garnata en 1013, alrededor del castillo (oppidum) existente, abandonando Medina Elvira, que quedó despoblada alrededor del 1020 y arruinada. Desde ese entonces, la Granada musulmana tuvo tres fases claras de evolución:

  • Época zirí.- La zona que inicialmente se ocupó, de forma intensiva, es la situada en el centro del actual barrio del Albaicín, conocida como Alcazaba Cadima (al-Qasba Qadima). Para finales del siglo XI, ya estaba urbanizada la mayor parte de la colina, rodeada por una muralla que aún subsiste en buena medida embutida parcialmente en el caserío urbano. La ciudad zirí tenía una extensión de 75 hectáreas y unas 4400 casas repartidas en varios barrios situados en la colina del Albaicín. 

  • Época bereber.- La estructura urbana de la ciudad se modificó escasamente en el largo periodo de dominación de los almorávides y los almohades (1090-1269). Del análisis que de las fuentes árabes han hecho diversos autores se desprende que en época almorávide se amplió el recinto amurallado, abriéndose puertas como el Arco de las Pesas y Bib-Albunaida (Puerta Monaita), ambas aún en pie; también corresponde a esta época la desaparecida Bib-Alfajjarin, o de los Alfareros, y el castillo conocido como Torres Bermejas.​ Los almohades dejaron edificios de interés, como el Alcázar Genil, y amurallaron los arrabales del este, donde hoy está el barrio del Realejo.

  • Época nazarí.- La creación del Reino de Granada impulsó el crecimiento y la riqueza de la ciudad, amurallándose los arrabales del Albaicín y levantándose la ciudad palatina de la Alhambra. Su construcción se inició por el rey Alhamar, aprovechando la existencia de una antigua fortaleza zirí. Su hijo, Muhammad II, erigió la mayor parte de las zonas palaciegas, y para el comienzo del siglo XIV existía ya una medina, con comercios, viviendas privadas y edificios comunitarios. La mezquita real (megit sultani) fue edificada por Muhammad III y, para entonces, Madinat al-Hamra era ya un verdadero núcleo urbano. La ciudad nazarí quedó organizada en seis distritos amurallados, comunicados entre sí por puertas que se cerraban durante la noche, y cada uno de ellos dividido en barrios de diferentes tamaños y carácter.

La ciudad permanecerá con esta estructura tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos, en 1492, aunque los once años que siguieron a la entrega de la ciudad generaron cambios que acabarían por modificar de forma importante su carácter.

El tránsito del reino nazarí a Castilla

A pesar de que, en 1491, un poderoso ejército castellano, que ya había sojuzgado casi todo el territorio nazarí en los cuatro años anteriores, penetra en la Vega de Granada y pone sitio a la ciudad, esta no cayó como consecuencia de un enfrentamiento entre ambos ejércitos, sino mediante un proceso de negociación que culminó el 25 de noviembre de ese mismo año, con la firma en Santa Fe de las correspondientes Capitulaciones, en las que se pactó un plazo de dos meses para la entrega de la ciudad, aunque finalmente ese plazo no se agotó y la rendición se produjo el 2 de enero de 1492.​ Las capitulaciones eran muy generosas para los granadinos: podían seguir practicando libre y públicamente su religión, se respetarían sus propiedades y se mantendría la vigencia del derecho islámico en litigios entre muslimes, creándose la figura de jueces mixtos cuando se tratase de litigios con cristianos. Se creó además un «ayuntamiento musulmán», y se previeron franquicias fiscales por tres años. Además, los reyes nombraron primer arzobispo de Granada a Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel y hombre moderado y con alta estima de la calidad moral de los vencidos.​ Sin embargo, cuando en 1499 la Corte se instala temporalmente en Granada, muchos se escandalizaron de la pervivencia del islam y de que la población asistiera masivamente a las mezquitas. El nuevo confesor de la reina, fray Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo, inició una dura campaña de conversiones forzosas, con confiscación y quema de libros, encarcelamiento de alfaquíes y procesos inquisitoriales. Se realizaron conversiones masivas, aunque ello no disminuyó la presión sobre la población granadina, pues como informó Diego Hurtado de Mendoza en el primer tercio del siglo xvi, «los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida y mostrada a servir, veían condenarse, quitar o partir las haciendas que habían poseído, comprado o heredado de sus abuelos, sin ser oídos».​ Esta política generó graves revueltas en el Albaicín, especialmente tras la conversión por Cisneros de mezquitas en iglesias, que se extendieron a otras zonas del reino, y que fueron sangrientamente reprimidas (1499-1501). Los Reyes Católicos aprovecharon estos hechos para declarar nulas las Capitulaciones y ordenar una primera expulsión de moriscos y la reclusión de los restantes en un gueto situado en Bib-Rambla. Para 1519, Martín Fernández de Enciso comentaría que «Granada fue gran pueblo en tiempo de moros y ahora no es tanto».